Historia del Programa de Formación Complementaria

Memoria, trayectoria y sentido pedagógico del PFC de la Escuela Normal Superior La Hacienda.

Nuestra historia La historia del Programa de Formación Complementaria (PFC) empieza a gestarse muchos años antes del clásico año de proclamación de los primeros Normalistas Superiores, las autoridades educativas nacionales ya venían proponiendo la necesidad de preparar de mejor forma a los docentes que egresaban de las Escuelas Normales, por ello, se empezó a hablar de la propuesta de agregar dos años más de formación a los jóvenes maestros bachilleres, que egresaban de las escuelas para impartir clases en la básica primaria. Inicialmente, las normales de Colombia, en general y la Normal de varones de Barranquilla, en particular, es instada a revisar su misión educativa y se le pide que escoja, entre ser una institución educativa académica o la de continuar con la formación de maestros. Ante la inminencia de tomar esta decisión, todas las Normales fueron cuestionadas sobre su futuro. Cada Normal debía escoger cuál sería su responsabilidad ante su propia comunidad, por esta razón, y luego de varios debates internos, el profesorado de esta Normal de Varones de Barranquilla, en 1994 empieza a analizar dicha propuesta del gobierno para ampliar en 2 años la formación docente y ante la decisión irrevocable del estado de llevar hasta el grado 13 a los estudiantes de undécimo que quieren ser maestros, nuestra Normal busca la manera de hallar la fórmula para hacer realidad ese planteamiento teórico. Por eso, finalmente se decidió que, a partir de 1997, es decir, con los estudiantes de la promoción del año 1996 se empieza a dar los primeros pasos de lo que en principio se denominó “Ciclo Complementario”, lo que hoy es el Programa de Formación Complementaria. Es en el año 1997 en el que un grupo de estudiantes convencidos de su escuela, un grupo de padres de familia con plena confianza en la institución y un grupo de maestros comprometidos, desde sus saberes y conocimientos, se lanzan al maravilloso sueño de formar un plan para realizar o complementar el programa de los maestros. A partir de ese momento empiezan las reuniones, los encuentros, empieza a gestarse la idea de un perfil normalista, unas condiciones especiales para ese tipo de maestro que se requería, la concepción y construcción de un plan de contenidos, qué materia deberían recibir, cómo deberían recibirlas, qué clase de maestro realmente iba a entregarle la Escuela Normal a la sociedad, porque era un nuevo maestro, es decir la escuela tenía ahora 2 años para formar y pulir un maestro ordinario, para convertirlo en uno diferente. Esa era la tarea, esa fue la misión en que un grupo de profesores con la inspiración irremplazable del profesor Luís Germán Rivera, se empieza a convertir en realidad nueva Normal, una institución formadora de formadores, con todo por hacer, sin guías, ni derroteros, innovando y creando al paso y ritmo del accionar y con la experiencia de todos, cada día era un nuevo aprendizaje para todos, para la Escuela, para el gobierno y para la educación colombiana, sin ser muy conscientes de esa realidad, se estaba escribiendo la historia educativa de los Ciclos Complementarios, porque nuestra experiencia sirvió para darle forma legal y administrativa a lo que después serían los Programas de Formación Complementaria de las Normales del país. Las nuevas reglas jurídicas, los nuevos decretos o las nuevas directrices que tomó el Ministerio de Educación, fueron basadas en la experiencia de las dos únicas Normales de Colombia que se lanzaron a esta tarea. La Hacienda de Barranquilla y la Normal de Copacabana en Antioquia. El ministerio obligó a convertirse en Normales Superiores, a tener grado 12 y 13, pero no dijeron cómo. En febrero de 1997 se inicia el proceso llamado Plan de Formación Complementaria, ese fue el nombre inicial del proyecto, en el año anterior se hizo la sensibilización con los estudiantes de pedagogía, con los padres y empezó la titánica tarea. Los docentes comprometidos y que contaban con experiencia universitaria fueron los primeros convocados, los inquietos por

los temas de innovación y aquellos que sentían especial interés por los procesos investigativos, además de su trayectoria académica, su popularidad y carisma entre estudiantes y padres. Los estudiantes también fueron escogidos por su actitud personal y aptitudes pedagógicas, el record académico y la disposición de ayuda y ganas de mejorar en sus prácticas. Enfatizar la sicología como referente de desarrollo, el manejo del lenguaje y la expresión en todas sus modalidades, el arte, la cultura y la lúdica, fueron elementos claves en la nueva visión del maestro normalista, por supuesto, la informática con sus tecnologías de punta, el desarrollo de un pensamiento lógico y abierto a todas sus formas, el conocimiento de los modelos y la presencia de la educación ambiental permeada por la pedagogía, hicieron del Ciclo Complementario de la Escuela Normal, uno de los mejores y también el primero. Fueron muchas las anécdotas, los aciertos, los momentos de alegría, también los de presión y los ratos de desconcierto, sin ellos no se hubiese matizado y forjado la urdimbre pedagógica que se logró tejer en ese accionar pionero en el campo pedagógico del país. Sin duda, la Normal de Varones de Barranquilla, marcó una pauta nacional en el manejo y desarrollo de los Ciclos Complementarios y puso en lo más alto el nombre de la escuela y también el nombre de la ciudad de Barranquilla. Al mirar hacia atrás, al devolver la historia 30 años atrás, nos queda la satisfacción del deber cumplido y la reiteración del compromiso de reforzar las acciones para seguir entregándole a Colombia, los maestros que el país necesita y requiere.

Pepe
Pepe Asistente virtual del PFC